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viernes, 26 de septiembre de 2008

Fuente de escritores reunidos por Octavio Paz



El Hay Festival, nacido en la localidad galesa de Hay-on-Hay, quiso honrar a Paz en Segovia del 25 al 28 de septiembre con un programa
repleto de literatura y con la participación de grandes escritores de todas las latitudes del planeta.

El festival cuenta con autores que sobresalen como: Mario Vargas Llosa, Michael Ondaatje, Diane Pennac, Diane Wei, Peter Schneider, Jon Lee Anderson, Juan Goytisolo, Espido Freire, Juan Manuel de Prada, y muchos más. Inclusive se han consolidado en el cartel del Hay Festival algunas de las nuevas voces de la narrativa en español: Cristina Grande, Ricardo Menéndez o Javier Argüello. "La fuente de escritores no se acaba y quedan muchos por ir a Segovia para escuchar y leer", asegura la directora del Hay Festival.

Todos ellos participarán en los distintos encuentros preparados por los organizadores, que este año giran en torno a tres bloques temáticos. El primero se centra en el recuerdo de la figura de Octavio Paz, de cuya muerte se cumple este año su décimo aniversario. Y por último, la organización le ofreció un espacio al Café Gijón, templo literario en Madrid donde se viene oficiando el rito de la literatura desde hace décadas.

Para celebrar el décimo aniversario luctuoso de Octavio Paz, se creó una doble sesión organizada conjuntamente con la Sociedad Estatal de Conmemoraciones Culturales de España y el Círculo de Lectores, la editorial de la obra completa del Nobel mexicano, que bajo el lema común de “Alguien me deletrea”, tomado de alguno de sus versos, “evocará la indeleble huella de su obra y su gravitación sobre el presente".
Para empezar la conmemoración, el escritor Juan Goytisolo, el poeta y ensayista Andrés Sánchez Robayna y el historiador y crítico literario Christopher Domínguez disertarán sobre la faceta ensayística del autor Octavio Paz.También se presentará en este mismo acto el volumen de carácter conmemorativo Alguien me deletrea. Un decenio sin Octavio Paz, publicado por Galaxia Gutenberg/Círculo de Lectores y que, coordinado por Aurelio Major, reúne el testimonio de decenas de escritores y poetas sobre el autor mexicano.
En la segunda sesión del homenaje, se presentará un debate a cuatro bandas entre el escritor Alberto Ruy Sánchez, el poeta y crítico literario Juan Antonio Masoliver, el catedrático Jasón Wilson y el poeta y ensayista Alfonso Alegre.
Por su parte, la Feria Internacional del Libro Universitario (FILU), que organiza la Universidad Veracruzana y cuya edición 2008 se realizó del 12 al 21 de septiembre en el Museo del Transporte y Exposiciones (Mutye), efectuó una serie de actividades para recordar la obra y la figura de Paz.

El programa general de la FILU incluyó las conversaciones “Recuerdo de Octavio Paz”, integradas por dos mesas redondas donde se evocó la poesía y el pensamiento del autor de obras como Luna silvestre (1933), Bajo tu clara sombra y otros poemas sobre España (1937), Entre la piedra y la flor (1941), Libertad bajo palabra (1949), Águila o sol (1951), Semillas para un himno (1954), La estación violenta (1958), Salamandra (1962), Ladera este (1969), Topoemas (1971), Renga (1972), Pasado en claro (1975), Vuelta (1976) y Árbol adentro (1987), así como una importante producción en prosa en la que figuran El laberinto de la soledad (1950), El arco y la lira (1959), Cuadrivio (1965), Claude Lévi-Strauss o el nuevo festín de Esopo (1967), Conjunciones y disyunciones (1969), El mono gramático (1974), Los hijos del limo (1974), El ogro filantrópico (1979), Sor Juana Inés de la Cruz o las trampas de la fe (1982), Tiempo nublado (1983) y Hombres en su siglo (1984). Su obra completa conoce dos ediciones, una realizada por Círculo de Lectores y otra por el Fondo de Cultura Económica.

No está de más recordar que Paz estudió en las facultades de Leyes y Filosofía y Letras de la UNAM. En 1936 se trasladó a España para combatir en el bando republicano en la guerra civil y participó en la Alianza de Intelectuales Antifascistas. Al regresar a México fue uno de los fundadores de Taller (1938) y El Hijo Pródigo. Complementó sus estudios en Estados Unidos y concluida la Segunda Guerra Mundial recibió una beca de la fundación Guggenheim, posteriormente ingresó en el servicio exterior mexicano.
En 1955 fundó el grupo poético Poesía en Voz Alta, después inició una colaboración en la Revista Mexicana de Literatura y en El Corno Emplumado, defendiendo en las publicaciones de la época las posiciones experimentales del arte contemporáneo. Sus actividades diplomáticas las cerró en 1968, cuando renunció como protesta contra la política del gobierno mexicano ante el movimiento democrático estudiantil de ese año.

Durante su labor en el servicio diplomático residió en París, donde hizo amistad con André Breton, pero también viajó por diversos países europeos y asiáticos (en 1962 fue nombrado embajador de México en la India). En 1990 se le otorgó el Premio Nobel de Literatura y recibió también el Premio Príncipe de Asturias y el Premio Cervantes.

La labor poética de Octavio Paz podría resumirse en “experimentación e inconformismo”. Ninguna de las etiquetas adjudicadas por los críticos encaja con su poesía: poeta neomodernista en sus comienzos; más tarde, poeta existencial; y, en ocasiones, poeta con tintes de surrealismo.

Podría decirse que se trata de un poeta que no echó raíces en ningún movimiento porque siempre estuvo alerta ante los cambios que se iban produciendo en el campo de la poesía y siempre estuvo experimentando, de modo que su poesía acabó por convertirse en una manifestación muy personal y original.

"Cada poema es único. En cada obra late, con mayor o menor grado, toda la poesía. Cada lector busca algo en el poema. Y no es insólito que lo encuentre: Ya lo llevaba dentro", mencionó en alguna ocasión Paz.

Además, se trata de un poeta con una preocupación social presente en sus primeros libros, quien después pasó a tratar temas de raíz existencial, como la soledad y la incomunicación. Una de las obsesiones más frecuentes en sus poemas es el deseo de huir del tiempo, lo que lo llevó a la creación de una poesía espacial cuyos poemas fueron bautizados por el propio autor con el nombre de topoemas (de topos + poema).

Esto es lo que significa poesía espacial: poesía opuesta a la típica poesía temporal y discursiva. Se trata de una poesía intelectual y minoritaria, casi metafísica en la que además de signos lingüísticos se incluyen signos visuales. En los topoemas, se le da importancia al poder sugerente y expresivo de las imágenes plásticas.
Otros expertos en la obra del Nobel mexicano destacan su postura en contra de cualquier tipo de autoritarismo, aunque Paz reconoció su origen de izquierda. Actualmente, las posiciones políticas de Paz aún generan polémicas y discrepancias, las cuales se manifestaron en el rechazo de los diputados para que su nombre fuera inscrito en el Muro de Honor del Palacio Legislativo.
No cabe duda de que en la última poesía de Octavio Paz hay bastante esoterismo, pero, al margen de ello, toda su poesía anterior destaca por su lirismo y por el sentido mágico que el autor da a las palabras.

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