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viernes, 12 de septiembre de 2008

Como ella no hay dos...

Un texto de Beatriz Bezares García

- Mami, ¿me das?
- Toma, hijo, te doy mis besos.
- Mami, ¿me das más?
- Toma, hijo, te doy mis esfuerzos.
- Mami, ¿me das más?
- Toma, hijo, te doy mis descansos.
- Mami, ¿me das más?
- Toma, hijo, te doy mis brazos.
- Mami, ¿me das más?
- Toma, hijo, te doy mis piernas.
- Mami, ¿me das más?
- Toma, hijo, te doy mi vientre.
- Mami, ¿me das más?
- Toma, hijo, te doy mi corazón, mis pulmones y mis vísceras.
- Mami, ¿me das más?
- Toma, hijo, te doy mi sangre y mis suspiros.
- Mami, ¿me das más?
- Hijo, ya no tengo nada que darte, pero por ti soy capaz de renacer para darte de nuevo todo. Sólo tienes que hacer un gran sacrificio por mí, y entonces me tendrás de nuevo.
- No, gracias, Mami, ya no quiero.

Y el niño tomó su pelota y se puso a jugar. Y así pasó el tiempo hasta que su padre llegó y le preguntó:

- Papi, ¿me das?
- Sí, hijo, dile a tu madre.

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