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lunes, 15 de septiembre de 2008

Bufón

El bufón no es más que el truhán o gracioso que tenía por oficio hacer reír a los poderosos con sus palabras, acciones y chocarrerías. Para algunos, su nombre proviene de una de aquellas gracias usuales que consistía en llenar la boca de aire hinchando los carrillos y al recibir un manotazo a mano abierta, expulsaba el aire violentamente haciendo un ruido como de bufido. Lo usual es que fueran personas con características físicas fuera de los habitual, como: jorobados, enanos, etc. Por lo que se reían más de sus defectos que de sus chistes.

Se piensa que los bufones son exclusivos de la Edad Media y comienzos de la Moderna, pero lo cierto es que los cómicos que han vivido de sus gesticulaciones, chistes y piruetas han existido desde hace milenios.

Ya figuraban los bufones en Grecia y Roma ejerciendo su papel. En Grecia, los atenienses no desdeñaban oír a los más viles bufones en los mismos teatros en que se presentaban las creaciones de Sófocles y de Eurípides.

En Roma, se demuestra el gusto con que el pueblo romano llegó a escuchar a los bufones a través de las obras de muchos autores cómicos y algunos paisajes de las de Marcial, Séneca y Suetonio y en pinturas halladas en Pompeya.

La afición creció en Roma en la medida que las costumbres se corrompían y aumentaba el amor al lujo y al desenfreno por la ostentación causando cada vez mayor deleite y siendo buscadas con mayor empeño en las monstruosidades físicas, morales e intelectuales: enanos, gigantes deformes, etc.

La costumbre creó un tráfico enorme para esta clase de mercancías en un mercado especial en Roma. Cuando los provechos de dicha industria aumentaron de modo considerable, los orientales se dedicaron a la confección de monstruos y enanos.

En Pompeya se han hallado vasos etruscos con la forma de estos desgraciados engendros que servían de entretenimiento a una sociedad corrompida. Augusto, deseoso de que el pueblo participara del placer de ver uno de estos monstruos hizo exhibir un joven llamado Licino que no tenía más de 60 cm de altura, no pesaba más de 8 kilos y poseía voz estentórea. Otros que se hicieron grandes reputaciones como bufones fueron Galba, Capitolino y Cecilio, los cuales alcanzó la sátira de Marcial.

Aparte de los que aparecían en los teatros, había bufones que divertía al pueblo en las plazas y en los puntos concurridos de las calles siendo política de los emperadores alimentar estos gustos para distraer a la gente apartándola de los asuntos importantes y de Estado.

El mundo pagano cedió los bufones al cristianismo, pudiendo seguir sus huellas en el Digesto, en el Isidoro de Sevilla y otros historiadores de la época. En el siglo V comienzan ya a recibir el nombre de juglares.

Posteriormente los bufones se diferenciaron de los cantores de amor que con el laúd al hombro recorrían los castillos, hecho que quedó patente cuando Rodolfo de Habsburgo desterró a los juglares de su corte conservando no obstante a su lado a su bufón Capadoxo.

Ya en la Edad Media, el uso y mantenimiento de los bufones se vio introducido entre los señores y reyes. Cada castillo tenía su bufón y llegaron a adquirir verdadera importancia. Se les vio en Alemania tomar parte en las conspiraciones, en las guerras, en las fiestas de aquella época caballeresca, sobre pasando con frecuencia en valor a los más ilustres caballeros.

Algunos bufones llegaron a adquirir títulos de nobleza y bastantes cualidades de hidalgos. Hallaban su existencia sujeta a muchas vicisitudes como favoritos de los grandes y de los reyes. No faltó entre sus chistes ejemplos de sutileza e ingenio, siendo sobre todo notable que las verdades que los más íntimos de los reyes no se atrevían a pronunciar brotaban a veces de manera normal y corriente de labios de los bufones.

El más célebre de todos tanto en Francia como en Italia fue Tribulet que amenizó con sus gracias la corte de Francisco I de Francia y en cuyas supuestas desgracias se inspiró Víctor Hugo para hacerle protagonista de su trágico drama El rey se divierte sobre el que luego compuso Verdi su Rigoleto.

En España, aún cuando en menor medida que en otros países, hubo también bufones. Siempre fueron mirados con el desafecto natural a una profesión que muchas veces conducía a un favoritismo de baja calidad, cimiento de malas acciones y hasta de crímenes. Espías públicos de los palacios son los bufones y los que más corrompen sus costumbres, dijo Saavedra Fajardo en sus Empresas y Quevedo en sus Zahurdas. Los bufones de la corte Felipe IV fueron retratados con singular maestría por Velásquez imbuyéndoles de gran dignidad y porte aristocrático.

1 comentario:

  1. Hola, te recomiendo leer El poder en escenas de George balandier...verás que los bufones no son los mismos juglares además verás que su función en la historia no era sólo hacer reír sino que en resumidas cuentas eran quienes podían dar opiniones políticas dentro de las cortes, la sátira y la parodia eran sus herramientas y además eran bastante críticos sobre la sociedad.

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