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viernes, 5 de diciembre de 2008

El otro nombre de la traición

Texto de Beatriz Bezares García
Oye, creo que ya la regué, perdóname, ya te quedé mal....

De verdad que si creo en el romanticismo, y al principio resultó ser pasional, como de película. ¿Y sabes también por qué lo hice? Porque tú me dijiste que jamás te dejaría libre, ¿me entiendes? No teníamos otra opción. Por eso decidí abrirte la muñeca como tú me pediste... ¿recuerdas?... tú me lo pediste.

No me veas así, yo jamás lo había hecho. El cuchillo apenas si tenía filo y tuve que usar la fuerza y cortar todo lo que se pudiera para que surtiera efecto.

Pero no inventes, al ver tu muñeca destrozada y sangrada me dio algo... bueno sí, es miedo... para que te miento... mucho miedo. También debes afrontar parte de tu culpa, debiste haberlo hecho sola, y después cortarme a mí. Tú sabes que no podría hacerlo solo, lo sabías y aún así quisiste.

Yo la verdad ya no puedo, llevo aquí horas viéndote desangrar e intento cortarme las venas para que nos muramos juntos como lo habíamos planeado, pero... sinceramente no me atrevo.

Sí, ya la regué. Ya... no me veas así... ¿Y sabes también por qué te amarré? Porque sé que tú serías capaz de matarme. Y en serio que no quiero...

Tú siempre has sido más fuerte que yo, y eso lo admiro mucho de ti... pero también estás bien loquita... te exasperas y ya nadie puede controlarte. Por eso fue que te golpeé con la botella en la cabeza, para que te estuvieras quieta y me dejaras cortarte a gusto. Pero, ¿ya vez? No lo hice bien... te corté de más...

No debes mirarme así, tus ojos me ven con odio... Nunca pude soportar esa mirada de rencor que de repente me echabas por no seguirte los pasos. Fue tu idea, no la mía. Y no me malentiendas, porque sí te amo, pero no a tu manera. Tu amor es muy pasional, y el mío... el mío es diferente.

Sí, ya sé... yo también lo acepté e hicimos un pacto. ¡Oh por Dios! ¿En qué líos me metes mujer? ¡Mírate! Tu idea nos destrozó la vida a ambos, tal vez yo esté en la cárcel por tu culpa y tú para entonces ya estarás muerta, sin problemas. Y todo por tu gran idea de irnos al cielo juntos, libres... como Romeo y Julieta.

¿Pero sabes qué? Eso sólo pasa en la ciencia ficción... Y mira, ya llevas horas desangrándote y no pasa nada. Y yo sin atreverme a soltarte porque no sé que querrás hacerme, tus ojos no me dan confianza. Luego, si te llevo al hospital, pueden encerrarme, y si te termino de matar... ¡No, ya no quiero! ¡Ya vi mucha sangre! Yo no soy así... Mejor así quédate otro rato, ya se pasará. Además, tus ojos cada vez tienen menos fuerza.

¡No, por favor no! No, no, no, no... No llores ahora, no, ahora no... Me haces sentir muy mal... ¿Me quieres decir algo? Pero no te puedo soltar la boca, porque los vecinos podrían oírnos y todo saldría peor. Mejor así... dejemos las cosas así como están...

Y yo ya me voy, tengo que irme... recuerda que siempre te amé... pero debes afrontar que soy un cobarde... Un estúpido cobarde que se equivocó contigo, porque pensé que sería una idea romántica morirnos juntos y liberarnos de este maldito mundo... fuera de tus hijos... de tu esposo... de la sociedad que nos recrimina... todo por ti... aún después de recibir esa llamada.

No te dije porque no quería romper tu ilusión, pero ahora te lo tengo que decir. Ayer llamó tu esposo y me contestó que ya sabe lo nuestro y que te daría el divorcio. Pensé que esa noticia te decepcionaría, o que tal vez admirarías ese valor de tu esposo y me dejarías de querer. Lo he visto tantas veces. Pero... pues sí, me equivoqué... ahora ya no sé si te quiero lo suficiente... Perdóname, en verdad perdóname... perdóname, perdóname.

Me voy y te dejo la luz prendida... chao mi amor... te veré en el cielo, pero después...

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