viernes, 31 de octubre de 2008

Estreno Mundial de Ópera Santa Anna




La Secretaría de Cultura del Distrito Federal presenta la obra Ópera Santa Anna, donde el escritor mexicano Carlos Fuentes se estrenará como libretista de ópera. La presentación mundial será el 20 de noviembre en el Teatro de la Ciudad en el marco de los festejos por su 80 aniversario.

Elena Cepeda, titular de la Secretaría de Cultura del Distrito Federal, comentó en conferencia de prensa: “Tendremos la fortuna de que este recinto, construido para la ópera hace 90 años, se engalane con el estreno mundial de esta obra, la cual consta de un acto con cinco solistas principales, un coro de 16 voces, la participación de la Orquesta Filarmónica de la Ciudad de México, 14 bailarines y la presentación de un grupo folclórico”.

Posteriormente, el 1 de diciembre la obra estará en Guadalajara en el marco de la Feria Internacional del Libro (FIL). Al respecto, Igor Lozada, director de Cultura de la UdeG, comentó: “El proyecto se planteó en la FIL del año pasado cuando le pidieron a Fuentes qué actividades integrarían su homenaje. Uno de sus objetivos era estrenar esta obra. En el transcurso de este año diversas instituciones se sumaron a la coproducción, pero al final quien terminó concretando fue la Secretaría de Gobierno del DF”.

También agregó que la composición musical, realizada a cargo del cubano José María Vitier, está adelantada en un 80 por ciento. “Lo único que falta es la parte del grupo folclórico que también es una música que se está buscando que tenga una conjunción con la parte de la composición original pero basada en las raíces folclóricas de sones jarochos”.

Para la presentación de esta obra se cuenta con un estelar: el tenor Fernando de la Mora, en el papel de Santa Anna; Hernán de Riego, como La muerte, la soprano Lourdes Ambriz, como Inés; y las mezzosopranos Grace Echauri, La nana y Verónica Alexanderson como Tosta; acompañados por la Orquesta Filarmónica de la Ciudad de México, un coro de 16 voces y 14 bailarines y la presentación de Grupo Mono Blanco.

En cuanto al libreto, Fuentes hace una reflexión histórica sobre Antonio López de Santa Anna, su calidad humana y el contexto que lo rodea. Y aún cuando ya está hecho el texto, la directora de Artes Escénicas de la UdeG, Lourdes González, destacó que “todavía se hacen modificaciones al libreto” porque “desde que se planteó el proyecto sabíamos que uno de los retos más importantes era la composición”, para ello “José María Vitier dejó toda su agenda para dedicarse de tiempo completo para hacer la composición”.

Sinopsis de la obra

El personaje central de la obra es Antonio López de Santa Anna, once veces presidente de México, quien vive su vejez en un retiro solitario donde su mujer, María Dolores Tosta, recluta mendigos de la calle para hacerle honores al Señor Presidente de la República.

Para ello, Santa Anna y su mujer miran al pasado y recuerdan a aquel joven gallero jarocho, al héroe de Tampico, al hombre que rehusaba la banda presidencial y acabó por ocupar la silla del águila once veces.

Pero que posteriormente fue derrotado en la guerra de Texas, llevado cautivo a la capital norteamericana, derrotado nuevamente en 1848, exiliado y gallero de vuelta en los palenques de Colombia. Al final de sus días le tocó a Santa Anna ver cómo Benito Juárez echa las bases de un Estado Mexicano. Para Santa Anna, es demasiado tarde…

En general, Santa Anna resume la trágica historia de una nación con independencia, pero sin Estado.

Sobre la composición de la música

El trabajo de José Maria Vitier (1954) recoge una amplia selección de obras, pues ha escrito música para diferentes medios como televisión, teatro, cine y radio.

Muchas de sus composiciones están basadas en canciones populares o en versos de notables poetas, como por ejemplo: Bosque, Caballito, Canción de otoño, Cizaña, Cortesía Décima, Déjame tomar asiento, El aire que te rodea, Ilusión de realidad entre otras. Además, ha realizado actuaciones por todo el mundo.

Su obra creativa se ha caracterizado por una notable versatilidad, donde se combina la música de cámara y la popular, con incursiones al jazz, todo bajo un marcado acento de cubanía.

Sin mencionar que ha obtenido importantes premios como la Medalla Alejo Carpentier y la Orden Félix Varela, en 2004. En el año 2000, su CD Salmo de las Américas,
oratorio sinfónico coral, fue nominado entre los cinco mejores álbumes de música clásica al premio Grammy Latino. En su edición de 2002, Vitier fue propuesto como candidato al Premio Iberoamericano de la Música Tomás Luis de Victoria.

Con respecto a la Ópera Santa Anna, comentó al respecto: “Sin duda ha sido un inmenso e inesperado honor haber sido elegido por el maestro Fuentes para componer esta obra. El proceso mismo de la creación constituyó una experiencia enriquecedora en la que el estudio imprescindible del tema, la compleja y conmovedora trama histórica del siglo XIX mexican me depararon la emoción de contemplar como en un maravilloso fresco la impetuosa coralidad de los grandes sismos sociales junto al contrapunto de figuras destellantes e impares, como el propio protagonista de nuestra obra.”

Ópera Santa Anna, todo un reto

Según Vitier, “Fuentes nos ofreció en su libreto una visión novedosa y polémica de Santa Anna, equidistante del pedestal y de la hoguera; prefirió las preguntas difíciles a las respuestas sabidas, buscó en la persona humana aquellos matices que el personaje histórico, a veces,no deja ver con claridad. En Santa Anna, más que en cualquier obra mía anterior, me vi enfrentado a retos y riesgos inéditos. Son ellos precisamente los que hicieron de esta, una fascinante experiencia.”

Por su parte, la titular de cultura capitalina, nos asegura que “Santa Anna será una ópera muy valiosa para comprender mejor este personaje que marcó la historia de México.”

"Esperamos que sea un éxito no sólo como espectáculo artístico, sino como una celebración y homenaje que hace justicia a quien ha colaborado con su obra para hacer de esta ciudad, un lugar más cosmopolita", señaló.
Por su parte, Raúl Padilla López, director de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, mencionó que el estreno de la ópera Sana Anna, será una de las más relevantes, pues "por primera vez se llevará a escena uno de los años de Carlos Fuentes: la escritura de una ópera".
Cabe resaltar que el presupuesto para esta producción es de cerca de cinco millones 823 mil pesos, aportados entre la Secretaría de Cultura capitalina y la Universidad de Guadalajara.

Por lo que, dada la inversión que tiene el proyecto, a decir de sus organizadores, Santa Anna se presentará en el 2009 en otras ciudades de la República y algunos países.

González agregó que esta ópera mexicana tendrá calidad internacional y el objetivo es llevarla a distintos circuitos y festivales de ópera importantes.

Ikram Antaki (1948 - 2000)


Fue una destacada escritora mexicana de origen sirio. Ella nació en la ciudad de Damasco, Siria. A los cuatro años ingresó a una escuela de monjas franciscanas francesas donde cursó la educación básica y el bachillerato. Posteriormente emigró al país galo para estudiar literatura comparada, antropología social y etnología del mundo árabe en la Universidad de París VII. En 1975, la escritora se propuso viajar y llegó a México, país del cual adoptaría la ciudadanía y en el cual residiría hasta su muerte. Durante su estancia en México colaboró en los canales 11 y 13 de televisión en algunos programas junto a Ricardo Garibay y Maria Pia, y adquirió popularidad gracias a sus intervenciones en el noticiero radiofónico Monitor con su programa El Banquete de Platón, uno de los más populares en la región centro del país. Sus opiniones solían ser poco ortodoxas: en algunas ocasiones comentó que la generación de jóvenes que participó en el movimiento de 1968 había sido la más pobre intelectualmente en el México del siglo XX, que la democracia no tenía lugar en la familia ni en la escuela y que los plebiscitos eran un invento del fascismo. Antaki publicó 29 libros en español, francés y árabe. Quienes la trataron la describen como una persona sumamente reservada. Germán Dehesa la definió como una escritora que "lo sabía todo, menos vivir". Sus lectores, por otro lado, destacan la amenidad de sus textos y conferencias, la profundidad de sus investigaciones y la originalidad de su persona. Falleció el 31 de octubre de 2000 en la Ciudad de México.


miércoles, 29 de octubre de 2008

Héctor Manjarrez (1945)


Narrador, poeta, novelista, ensayista y guionista de radio mexicano, autor de una docena de libros, entre los cuales destacan las novelas Pasaban en silencio nuestros dioses (1987), El otro amor de su vida (2000) y Rainey, el asesino (2002), así como de las recopilaciones de cuentos No todos los hombres son románticos (1983) y Ya casi no tengo rostro (1996). Entre los premios que ha recibido se cuentan el X. Villaurrutia (1983) y el J. Fuentes Mares (1998). A Manjarrez le han preocupado por igual la condición amorosa y la condición histórica y ha trazado un intensísimo testimonio de los ideales y los reveses de los últimos treinta años. Ha residido en la antigua Yugoslavia, España, Turquía, Francia e Inglaterra.


martes, 28 de octubre de 2008

Conlon Nancarrow (1912-1997)


Fue un compositor mexicano de origen estadounidense. Entre 1933 y 1936 estudió con Walter Piston y Roger Sessions, entre otros. Las composiciones instrumentales de las décadas de 1930 y 1940 mostraron un interés por la complejidad rítmica, que lo condujo en 1947 a abandonar la composición vocal y dedicarse al órgano electrónico, instrumento que le permitía interpretar muchas notas simultáneas a cualquier ritmo, creando una música virtuosa fuera del alcance de cualquier pianista. Su música se caracterizó por el uso de la polifonía basada en estratos de tempos distintos. Nancarrow ha escrito más de 60 estudios para órgano electrónico. Como forma musical exploró el “canon” que desarrolló con una enorme variedad de formas y un tempo diferente para cada voz. Su trabajo puede dividirse en tres periodos: obras anteriores al piano mecánico, obras para piano mecánico y obras posteriores al piano mecánico. Nancarrow trabajó como trompetista de jazz en la década de 1930, por lo que en su obra se aprecian reminiscencias de música de jazz y blues. Su armonía es totalmente cromática, aunque con algunas fórmulas tonales, sobre todo en las cadencias. Su música empezó a ser apreciada a partir de la década de 1970, y ha tenido gran influencia en compositores como el húngaro Györg y Ligeti. Conlon Nancarrow finalmente muere en 1997 en la Ciudad de México.



viernes, 24 de octubre de 2008

La muerte. El espejo que no te engaña.



En el Museo Nacional de Arte (MUNAL) se presenta la exposición La muerte. El espejo que no te engaña. Se trata de una colección de obras pictóricas y gráficas que muestran las diversas maneras de representación de la muerte, desde el México virreinal hasta el siglo XX.

“No todo el tiempo se representó a la muerte con una calavera. Conforme pasó el tiempo, como en España en el siglo XIV con la presencia de la viruela negra y la peste bubónica, la gente reflexionó más sobre ella y la representó con calaveras”, explica Mariano Meza, uno de los curadores. Fue entonces que los mexicanos se apropiaron de esta representación, adaptándola.

La muestra se compone de 88 piezas entre textil, loterías, hojas, volantes, libros, reproducciones en impresión tipográfica, revistas, gacetas, dibujos, fotografías, portadas de revistas o cuentos y otros impresos, éstas forman un discurso en el que la muerte transita de lo solemne a lo festivo.



Estas piezas, procedentes de diversos acervos particulares e institucionales, ponen en cuestión los estereotipos característicamente asociados a la celebración del Día de Muertos y en el que se propone recapacitar en torno a las fuentes de las tradiciones mexicanas.

“Esta es la reflexión que hace el mexicano sobre la muerte, no sólo corporal sino también de la ilusión y del pueblo, que ya con la Revolución Mexicana el mexicano siente desolación”, explica el curador.

La exposición se divide en dos núcleos principales:

La portentosa Muerte.

En este primer núcleo se pretende mostrar una tradición de la muerte y las reflexiones en torno a ella que predominó en México durante la época virreinal. Desdoblan la imagen de la muerte, a partir de nuevas formas de representación, características de la herencia europea de las danzas macabras, representaciones populares en la poesía, teatro, pintura y artes gráficas del siglo XIV y XVI.



Esta sección comprende un gabinete de angelitos, que plantea las dos fronteras de la vida: el nacimiento y la muerte, cuyas representaciones de niños muertos tienen su origen en el siglo XVII. Una práctica cristiana donde los artistas novohispanos dieron forma y plasticidad a lo que se denominó "velorio de angelitos" donde eran captados los infantes fallecidos en atmósferas solemnes.

Estos eran bautizados y purificados del pecado original, de ahí la denominación de "angelitos", además fueron dotados de atributos iconográficos específicos como la palma en su manita y corona de flores.

“Es una tradición que viene del siglo XVII, influida de España, donde las familias aristócratas pintaban a los niños muertos. Vemos a niños parados de unos dos años, vestidos como adultos. Después los burgueses contrataban pintores amateurs y creaban figuras desproporcionadas y con rasgos indígenas”, detalla el curador.

Recuerdos del porvenir.

En esta sección la muerte se presenta con motivos burlescos y populares, característica de la iconografía popular de finales del siglo XIX y principios del XX. Donde la muerte implica un nuevo significado menos ortodoxo e incorpora la tradición gráfica mexicana en medio de un carácter festivo.


En la exposición participan al óleo Saturnino Herrán, José Chávez Morado, Tomás Mondragón y José Jara, entre otros; en las ilustraciones, los grabadores José María Guadalupe Posada, Manuel Manilla, Roberto Montenegro, entre otros, y en las fotografías, los hermanos Mayo y Mariana Yampolsky.

Esta estará acompañada de estaciones interactivas de consulta para todo tipo de públicos -niños, jóvenes y familias-, así como videos que permitirán al público complementar información en torno a las obras y los artistas, danzas macabras, iconografía de la muerte en el arte, el cine y la literatura.

También se proyectarán algunos fragmentos de cine mexicano en el que se representa la muerte y habrá actividades que estarán relacionadas a la celebración tradicional del Día de Muertos.



Así como la publicación del libro La muerte en el impreso mexicano (Editorial RM, 2008), de Mercurio López Casillas, coleccionista y bibliófilo. Aquí López Casillas analiza la tradición de representar a la muerte en las artes gráficas en el transcurso de las distintas épocas, desde la prehispánica hasta las páginas cómicas de la prensa mexicana contemporánea.

La mitad de estas 90 piezas que se exhiben pertenecen al Munal, mientras que el resto es de las colecciones del Museo Soumaya, el Museo de Arte Moderno, la Iglesia de la Profesa y de Mercurio López.

También se presentan fragmentos de películas del cine de oro mexicano donde se recrea la muerte, como Los olvidados, Nosotros los pobres, Macario y Pedro Páramo.

Para deleite de todos, esta muestra permanecerá abierta hasta el próximo 30 de noviembre. Es una oportunidad para vivir y sentir la muerte “a través del arte”.

Alicia Perales (1922-1994)


Fue una bibliotecóloga mexicana. Alicia Perales nació en la Ciudad de México el 24 de octubre de 1922. Estudió la licenciatura en letras españolas en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. En 1954 realizó la maestría en Arts in Library Science en la Universidad de Kent, Ohio. De regreso a México continuó con sus estudios literarios en la UNAM y, en 1959, se doctoró en letras españolas con la distinción Cum Laude. Durante el lapso en el que realizó sus estudios en Estados Unidos, Perales fue bibliotecaria en el departamento de catalogación de la Biblioteca Conmemorativa Colón, de la Unión Panamericana, en Washington, D. C., así como en los departamentos de circulación y de adquisiciones de la biblioteca de la Universidad de Kent. De 1955 a 1958 se hizo cargo de la jefatura de servicios al público en la Biblioteca Central de la UNAM. Por esa misma época, en 1956, fue fundadora del Colegio de Bibliotecología y, poco después, del Posgrado en Bibliotecología (maestría), en la Facultad de Filosofía y Letras, donde, en 1960, debido a su sólida trayectoria, le fue asignado el cargo de directora del Seminario de Investigación Bibliotecológica y, en 1965, el de secretaria del Programa de Formación de Profesores. La vasta experiencia de la doctora Perales, tanto académica como administrativa, le permitió ocupar el puesto de Directora General de Bibliotecas de la UNAM entre 1966 y 1972. Allí, ante la necesidad de que las bibliotecas universitarias fueran organizadas y administradas eficazmente, la doctora Perales consolidó la práctica bibliotecaria como una disciplina profesional y no solamente como una labor administrativa, y a partir de esos notables esfuerzos, los bibliotecarios profesionales tuvieron las bases para conquistar, años después, un gran reconocimiento en el ámbito académico universitario. Más adelante, de 1973 a 1977, la doctora Perales dirigió el Centro de Investigaciones Bibliotecológicas y de Archivología de la Facultad de Filosofía y Letras. En lo que respecta a su obra escrita, la doctora Perales fue autora de alrededor de sesenta artículos y de más de treinta reseñas sobre temas bibliotecológicos, publicados en revistas especializadas. Alicia Perales falleció en la Ciudad de México el 4 de junio de 1994.

miércoles, 22 de octubre de 2008

Guillermo Samperio (1948)



Cuentista, novelista, ensayista, antologador y promotor cultural nacido en México el 22 de octubre de 1948. Fue Coordinador de la Dirección de Literatura del Instituto Nacional de Bellas Artes (1986-1988), miembro de la Comisión Consultiva del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes y director del Departamento de Difusión Cultural de la Universidad de las Américas. Entre las muchas distinciones a las que se ha hecho acreedor, destacan los premios Casa de las Américas 1977, en la rama de cuento por el libro Miedo ambiente, y Nacional de Periodismo Literario al Mejor Libro de Cuentos por Cuaderno Imaginario, y el reconocimiento que, por sus 25 años de escritor, le rindieron en el palacio de Bellas Artes las instituciones educativas y culturales más importantes de México (UNAM, IPN, CONACULTA e INBA). Su obra ha sido incluida en varias antologías y ha sido traducida al inglés, francés y rumano. En la actualidad es columnista de los periódicos El Financiero y Unomásuno y pertenece al Sistema Nacional de Creadores desde 1994. Entre su obra cuentística sobresalen: Gente de la Ciudad, Cualquier día sábado y Cuando el tacto toma la palabra.

SENCILLA MUJER DE MEDIODÍA

Esta sencilla mujer de mediodía, además de largos pasadores naranja en su cabello, tiene el extraño nombre de Violeta. Se puede encontrar a Violeta entre paredes caseras, saliendo de alguna puerta color tabaco, detrás de sus ojos azules y un vestido amarillo suelto, con ese vuelo discreto que le ofrecerá al inocente viento de abril. Pero su ámbito originario son las calles arboladas bajo un sol oriente que calienta y hace oblicuas las sombras de la mañana. Y Violeta transita hacia la lejana frescura de telas blancas, cruzando su paso con los sinceros lilas y morados de la bugambilia y las hirsutas cabelleras en flor de la jacaranda. Se dice Violeta, eucalipto, azalea y trueno y es hablar de un mismo espacio que lanza al cielo silenciosas voces de tonalidades diversas, sencillas y jocosas.

Violeta entra naturalmente en sus pasos, su cuerpo se mueve como el imperceptible crecimiento de las plantas de sombra que un día nos sorprenden con su presencia de fuego, ni mustio ni pretencioso. La misma luminosidad azarosa surge en las mejillas de Violeta; en ella está también el principio que explica las flamas que se posan en las grandes ramas cuando el viento se ha ido. El pelo ámbar a la altura de la barbilla y recogido apenas a los lados se balancea con la misma modulada cadencia del vuelo de su vestido. Forman una simetría contrapendular, ordenada por el ir pausado de Violeta y el asimétrico vaivén de sus brazos, cuyos ambarinos vellos a veces brillan en la temperatura cálida que baja a la tierra y se levanta de las banquetas. La mujer camina hacia la exactitud porque sus largas piernas avanzan por un camino de certezas, apenas demorándose para que ella mire una enredadera esponja, o para dar paso a los automóviles que cruzan su viaje solitario por la avenida arbolada.

Reinicia su andar entonces apoyándose segura en los zapatos color dorado mate, de punta redondeada y tacón a media altura, felices y discretos. Ellos sugieren las relaciones de la mujer con el sol, ese noble pariente que la acompañará a lo largo de la primavera y el verano, ofreciéndole sugerentes consejos de luz y sombra, de tibiezas y ardores, de flores sutiles e insectos galantes. Espíritu del sol calzando sus pies, puntas de llamas en el vestido y el cabello, detalles de fuego rojo en sus labios, amplia habitación del sol en su mirada, Violeta mueve las líneas de sus pantorrillas, libres bajo la tela volante que termina donde principian los muslos. Su piel ha ido cobrando la tonalidad ligeramente sepia de algunos crepúsculos de mayo que maduran hacia los amaneceres siena de junio y julio. Mientras tanto, la mujer va cubierta con ese sepia musitado, camino a la blancura y la tibieza.

Elige una calle empedrada e introduce la lumbre de su cuerpo y su vestir entre una vegetación un poco más apretada, entre edificaciones antiguas que han guardado en sus piedras el paso de centenares de abriles, y sus altos muros han permitido que las trepadoras depositen lo verde y broten de ellas minúsculos peces blancos, azules, colorados. Se podría afirmar sin duda que la mujer se ha desprendido de ese ambiente y ha vivido siempre bajo esos eucaliptos y colorines que nunca alcanzarán los brazos extendidos del sol. Por este vericueto estrecho de antaño los olores entran en desnuda plática, revuelan lentos y se meten al cabello de Violeta, se estrechan a su rostro y se introducen bajo el escote oval; las palabras aromáticas le platican historias de mujeres tan hermosas como ella que han transitado la misma leyenda. Violeta, sin proponérselo, responde con el lenguaje del aroma de su cuerpo y devuelve frases táctiles que se mezcaln con los olores eternos de ese mediodía.

En el momento en que la mujer da vuelta en un callejón todavía más apretado, su ausencia resulta evidente en el camino que abandonó. Pero la nueva calleja se abrillanta y ahora es difícil distinguir entre la luz de la vegetación y la de Violeta, pues se reconocen, comprenden y confunden. Mencionar lumbre, abril, pirul, sitio del sol es decir que Violeta avanza sobre los bordes del ardor permitiendo que la noble humedad de los muros roce sus labios apenas gruesos. Esa caricia desciende a sus hombros que van al aire y de allí a los brazos y a sus senos frutales, a la cintura y a la cadera, hasta detenerse sobre sus piernas. Violeta lo agradece porque la humedad representa el mensaje mustio de la penumbra consentida, de los giros primeros de la ternura, de esa otra vegetación donde también existe una plática de aromas, colores, formas.

La mujer cambia el ritmo y se pone ágil, semejante a gloria que echa a volar sus menudas flores. Así son sus movimientos, decididos, irreversibles, semejantes al cambio de invierno en primavera. Y Violeta lo comprende en el palpitar de sus flexibles músculos, como se entienden enre sí la música y una mujer que duerme, el ciervo y la encina, el carbón encendido y el incienso.

Llega al fondo de la calleja y se detiene ante una puerta pequeña de cedro; toca ligero, la puerta después se abre de manera automática y Violeta entra cerrando tras de sí. En una débil sombra, aparece una escalera de color tabaco rubio, sube con plenitud produciendo percusivos ecos que la acompañan. Llega a una estancia donde hay muebles bajos de pino, objetos de límpido cristal, espigas de trigo multicolores explotando en lugares discretos, cojines de floreadas telas hindúes, viejas figurillas de bronce y latón, ceniceros de vidrio azul; todo ello sobre una alfombra blanca con manchones canela semejante a la pelambre de las cabras. La pieza es apacible y la mujer levanta los brazos, gira lentamente sobre sí misma danzando para el silencio y se detiene poniendo sus brazos sobre los muslos. Se despoja los zapatos, sus pies reciben la caricia de la alfombra; da vuelta alrededor de la mesita de centro gozando las pisadas.

Ahora se encuentra detenida frente a una puerta entornada que da a otra habitación, se acerca y percibe una penumbra más densa, cadenciosamente la penetra. Ante la frescura de un lecho verde limón, el cuerpo y el vestir de Violeta son el fuego: los pasadores, su cabellera, el rostro, sus hombros, los vellos de sus brazos, el vestido, sus piernas, los pies descalzos. La sencilla mujer de mediodía se decide y deja totalmente libre su pelo y lo agita con lentitud produciendo brillos en la sombra. Se aproxima a la cama, lleva sus manos al lienzo, lo acaricia largamente: luego lo retira dejando descubiertas las sábanas. Mientras Violeta se despoja las llamas que la cubren y un fuego mayor ilumina la recámara, Abril entra a la pieza desnudo. Se tienden sobre las telas blancas, en la exactitud de la penumbra consentida, entre las complicidades del silencio, y empieza otra plástica de aromas, colores, formas, juegos de luz y sombra, flores sutiles e insectos galantes, donde sobrevendrán nuevas humedades.

Guillermo Samperio: “Sencilla mujer de mediodía”, en GENTE DE LA CIUDAD. México, Fondo de Cultura Económica, colección Letras Mexicanas, 1986, pp. 119-122.

© Guillermo Samperio y Fondo de Cultura Económica